Codeando México: La plataforma cívica de datos abiertos de México
En septiembre de 2011, México se unió a la iniciativa “The Open Government Partnership”, un esfuerzo global para crear gobiernos más transparentes, efectivos y responsables que entre sus buenas intenciones propone incrementar la disponibilidad de la información sobre las actividades de…
Modernidad, Web 2.0 y super-sujeto
¿Hasta qué punto la potencialización del sujeto de conocimiento en la web 2.0 constituye un fortalecimiento del proyecto moderno comprendido como “la época de la imagen del mundo”?
El usuario del entorno digital, a pesar de ser lego, se encuentra siempre ya dentro de la empresa del saber técnico, y al menos de manera superficial conoce aspectos técnicos básicos del entorno digital en que se mueve. Podríamos preguntar hasta qué punto sería factible que los usuarios término medio profundizaran y llegaran a especializarse en el saber técnico del entorno digital.

Es decir, presenciamos actualmente la irrupción de un super-usuario que se constituye como sujeto potencializado desde el entorno digital que amplia los linderos del la cultura y el saber. Además, parece cada vez más factible la penetración de las diferentes áreas del saber hacia el entorno digital, y con ello la generación de un nuevo segmento de especialistas en diversos temas que además dominan técnicamente el entorno digital.
Si bien el investigador tradicional se da a la tarea de la publicación de libros, obras, y textos que den cuenta de los resultados que va acumulando en su empresa, como parte de la seriedad y el rigor de la investigación, en el entorno virtual la publicación no tiene el eco de trascendencia y seriedad que ha caracterizado la publicación de libros y revistas especializadas. Esto sugiere la paulatina transformación del sujeto epistémico a partir del entorno digital. Gracias al entorno digital, prácticamente cualquiera puede ser sujeto de conocimiento, aportar, difundir ideas y productos culturales, y no únicamente aquellos vinculados o afiliados con las comunidades epistémicas tradicionales. Es factible que el sujeto común en el cotidiano encontrarse en el entorno digital, amplíe su campo de saber, y sus opciones técnicas para enfrentarse a dicho saber.
El sujeto cotidiano, no solamente el investigador comprometido con su empresa investigativa, el sujeto común que actualmente planea en el entorno digital, tiene la posibilidad de extender su contemplación del mundo a través de las nuevas tecnologías de la información, y con ello amplía el horizonte de su representación. El sujeto digital está en vías de convertirse en un super-sujeto en condiciones de representarse una imagen cada vez más completa y detallada del mundo fundada en las tecnologías de la información. Doueihi (2010, p. 21) plantea que el impacto primario del entorno digital sobre los sujetos produce el establecimiento de formas mínimas de etiqueta dentro de Internet para facilitar y permitir la interacción. Doueihi denomina a estas formas de etiqueta como netiquette, en alusión a las formas de conducta aceptables dentro de la red de Internet (net). Esta es solamente una manera en que la subjetividad se ve trastocada, de una manera más bien formal. Pero debemos tomar en cuenta que la subjetividad no solamente interviene superficialmente como forma de conducta y modales en los intercambios en el entorno digital, sino que algo en la profundidad del sujeto moral y del sujeto epistémico se trastoca también con la interacción digital.
Más allá de las formas, el sujeto del entorno digital se conecta con otros de maneras inéditas, e implica en las relaciones digitales parte de su interioridad subjetiva, poniendo en juego su ethos, su emotividad y su autocomprensión. Además del impacto ético en el sujeto, el entorno digital, como ya se dijo trasciende al ámbito del sujeto epistémico sus posibilidades de conocer, como ya se explicó. Tal ampliación de las posibilidades subjetivas de representar la totalidad de lo existente proviene del hecho de que, sin ser propiamente un investigador organizado en alguna empresa de investigación, el sujeto usuario del entorno digital se encuentra siempre ya dentro de las determinaciones técnicas de la empresa investigadora que ha dado lugar a la creación del entorno digital. El entorno digital, comprendido como medio, está caracterizado por sus determinaciones técnicas como la fabricación y utilización de útiles, aparatos y máquinas (Heidegger sa, p. 54), y es resultado de múltiples tareas de investigación científica y tecnológica organizada como empresa. De ahí que el sujeto usuario digital por el solo hecho de estar en el entorno digital está de entrada determinado por la organización y el desarrollo de la empresa científica que ha dado lugar al desarrollo de Internet y de la Web 2.0. La ampliación de las posibilidades técnicas del sujeto del entorno digital, que redundarían en la ampliación de sus opciones de saber, no cuestiona, desde esta perspectiva, el papel del sujeto vigente desde la Modernidad. Por el contrario, parecería que actualmente se amplían las posibilidades epistemícas del sujeto en la medida que se amplian sus posibilidades técnicas en el entorno digital.
El proyecto de la Modernidad al fincarse en la subjetividad y su proyecto de representación de la totalidad de los existente, determina precisamente la modalidad en que se comprende y despliega la subjetividad, y con ello la manera en que el ser humano se asume e interpreta como humano. El humano autocomprendido como sujeto de la representación se torna en medida de cualquier saber, en tanto que es desde él que se representa la totalidad de lo existente (Heidegger 1969, p. 91). El humano sostiene la medida de lo presente y de lo ausente (Heidegger 1969, p. 92), y como habitante del entorno digital, los linderos de su representación se abren, pero siempre desde su facticidad, desde su experiencia; y es desde ahí que imagina y fantasea, y experimenta las emociones y pasiones cotidianas. En tanto sujeto de la experiencia que ordena su acontecer a partir de las vivencias, su ethos en el entorno digital de igual manera se potencializa ampliando sus posibilidades de intercambio con otros sujetos.
Referencias
Heidegger, M. (1969). “La época de la imagen del mundo”. Sendas perdidas. Buenos Aires: Lozada, 2a. ed. [Existe una versión disponible en http://www.heideggeriana.com.ar/textos/epoca_de_la_imagen.htm]
Heidegger, M. (sa). “La pregunta por la técnica”. Revista Espacios. Puebla: UAP. Año I, 54 - 68. [Existe una versión con otra traduccioón en http://www.heideggeriana.com.ar/textos/tecnica.htm]
Doueihi, M. (2010). La gran conversión digital. México: FCE.
Blog de la Red de Humanistas Digitales: nuevo enlace
A partir de hoy, estaremos en este nuevo enlace, los invitamos a seguirnos:
La preservación digital
Por Paola Ricaurte Quijano
@paolaricaurte
La preservación de las fuentes primarias en formato físico (documentos, imágenes fijas y en movimiento, objetos en tercera dimensión, etc.) implica su descripción y catalogación, su almacenamiento, así como la conservación del soporte material que haga posible su uso futuro. El principio rector de la preservación es evitar la pérdida de información, que en la era análoga estaba principalmente vinculada al soporte físico. Sin embargo, la era digital nos coloca frente a nuevos retos relativos a la preservación.
Una tarea importante es la conversión de fuentes primarias a un formato digital, que permita luego su difusión, manipulación, análisis y además la interconexión con otras fuentes. Esta conversión implica el seguimiento de estándares como TEI (Text Encoding Initiative), W3C (World Wide Web Consortium) o DCMI (Dublin Core Metadata Initiative), de tal manera que a través del marcado de las características textuales y la adición de metadatos para los materiales no textuales, puedan ser reutilizables, intercambiables e interoperables (Deegan y Tanner , 2004). La otra tarea es lograr que estos nuevos objetos digitales sean preservados a largo plazo.
Los objetos digitales de cualquier naturaleza (textual, visual, auditiva, geoespacial, etc.) son flujos de bits en código binario articulados con un orden lógico. De acuerdo con Smith (2004) los dos principales retos técnicos para la preservación digital son precisamente la conservación física (mantener la integridad de los bits) y la preservación lógica (mantener la integridad de la ordenación lógica del objeto). Estos riesgos tienen que ver con la degradación del soporte digital y con la obsolescencia del software o el hardware: es necesario asegurar que los datos puedan ser leídos aun cuando el software en el que fueron escritos o el hardware utilizado para su lectura sean obsoletos. Si pensamos en la rapidez del desarrollo tecnológico, nos resultará sencillo imaginar que los soportes, el software y el hardware que utilizamos en la actualidad, en menos de cien años habrán desaparecido.
Según Smith, algunas de las estrategias utilizadas para enfrentar estas dos problemáticas son la migración de un soporte/formato, software/hardware antiguo a uno más actual, la emulación (preservar la funcionalidad del software junto con el contenido, lo que implica conservar también toda la información sobre los ambientes), la preservación persistente del objeto (definir todas sus propiedades para poder “recrearlo” en el futuro: contenido, estructura, contexto, presentación) y la preservación tecnológica (la preservación del objeto digital junto con el hardware, el sistema operativo y el programa).
Usualmente pensamos que la información digital conlleva menos riesgo de pérdida que la contenida en formatos físicos; sin embargo, en la práctica, los objetos digitales pueden resultar mucho más frágiles. Por esa razón es urgente invertir recursos y capital humano para vencer los obstáculos de la preservación digital, que resulta crucial para la conservación de la memoria de la cultura.
Referencias
Deegan, M. y Tanner, S. (2004). Conversion of primary sources.In A Companion to Digital Humanities, ed. Susan Schreibman, Ray Siemens, John Unsworth. Oxford: Blackwell.
http://www.digitalhumanities.org/companion/
Smith, A. (2004). Preservation. In A Companion to Digital Humanities, ed. Susan Schreibman, Ray Siemens, John Unsworth. Oxford: Blackwell.
http://www.digitalhumanities.org/companion/
Las Edades del Libro
por Isabel Galina
El libro es uno de los artefactos más emblemáticos en la cultura mundial, un ícono de la capacidad del ser humano para transmitir información y conocimiento a contemporáneos y a generaciones futuras. A través del tiempo las tecnologías y los materiales disponibles para su elaboración, reproducción y distribución han impactado el formato y la lectura. También han modificado el papel que desempeñan los diversos actores involucrados, desde los autores, escribanos, copistas, diseñadores hasta los impresores, libreros, bibliotecarios y lectores que constituyen un larga y compleja cadena que dan significado y vida al libro.
Para las Humanidades el libro tiene un sentido muy particular ya que sirve, por un lado como herramienta para la investigación y por el otro, como objeto de investigación. El estudio del libro, en su sentido material, es tarea de múltiples disciplinas. La bibliotecología, biblioteconomía, historia, diseño, literatura, comunicación, estudios de la información, por mencionar algunas, aportan desde sus diversas perspectivas trabajos sobre cómo se construyen los libros y qué significan para los lectores que los utilizan. Sin embargo, son pocos los espacios que existen para reunir a estos especialistas del libro, ya que generalmente trabajan dentro y desde sus disciplinas particulares.
En octubre del próximo año se llevará a cabo el Congreso Internacional Las Edades del Libro que tiene como objetivo reunir a especialistas en diversas materias y áreas relacionadas con el estudio del libro, de la cultura escrita e impresa, el diseño y la comunicación visual, la edición y la industria editorial, la historia, la literatura y las nuevas tecnologías. Se desea explorar el amplio espectro de tradiciones e innovaciones que se han dado en la configuración de los textos, en las diversas épocas y regiones, desde la producción temprana de códices hasta la era del libro electrónico. El congreso está dividido en tres áreas temáticas principales: el libro manuscrito, el impreso, y el electrónico.
Para las Humanidades Digitales el tema del libro electrónico y la publicación digital en general son de particular interés. ¿Qué significado tiene el concepto de una edición en el ámbito digital? ¿Cómo y cuándo se considera una obra terminada o publicada? ¿Cómo manejar las autorías múltiples y anónimas que fomentan las herramientas de creación de textos digitales? ¿Cuál es la diferencia entre poner en línea y publicar en línea? Estudiar y entender el libro electrónico a través de la historia del libro, ayudará a contextualizar las discusiones en torno a los cambios del formato y materialidad del impreso al electrónico.
El congreso se llevará a cabo en el Instituto de Investigaciones Bibliográficas de la Universidad Nacional Autónoma de México, del lunes 15 al viernes 19 de octubre de 2012. Hasta el 31 de enero 2012 estará abierto la convocatoria para recibir ponencias.
Para más información consultar www.edadesdellibro.unam.mx.
Multidisciplinariedad vs. Especialización: ¿Quién debe ensuciarse las manos?
Ariel Páez
Partamos de una perogrullada. El desarrollo de cada proyecto de Humanidades Digitales puede dividirse en dos: la parte Humanística y la parte Digital. Hasta ahí, todo queda claro, pero me parece importante recalcar hasta qué punto se han integrado una dentro de la otra, al menos en el área de creación de conocimiento. Y es que en la dicotomía “desarrollo conceptual – desarrollo técnico” de cada proyecto resultan necesarios tanto los investigadores que generan contenidos y planean los objetivos como los técnicos, ingenieros, programadores y diseñadores que no sólo ofrecen su expertise para la creación y desarrollo técnico del producto tecnológico derivado de la investigación sino que ayudan a perfilarlo y a definir sus alcances.
Se crea una relación simbiótica en la que, para el correcto desarrollo del proyecto, no pueden existir una sin la otra; en la que se desdibujan los límites claros y en la que se vuelve necesario que ambos manejen conceptos de su contraparte para crear un producto integral. Es decir: los investigadores necesitan conocer cuestiones técnicas para saber, por ejemplo, qué solicitar a los desarrolladores o qué es viable o no en determinados procesos, mientras que los técnicos necesitan tener conocimientos mínimos del tema tratado para ofrecer a los investigadores las herramientas que más convengan a los fines del proyecto. Justo aquí es donde encontramos el quid del asunto: ¿Quién debe ensuciarse las manos? ¿Quién es preferible que desarrolle determinadas acciones en los proyectos?: ¿el humanista que sepa un poco de todo de manera superficial o un especialista que conozca al dedillo su labor pero que ignore el tema del proyecto?
Se convierte en una disputa entre el estos dos personajes. A título personal, creo que cabe preguntarse cuándo conviene tener a un humanista multidisciplinario y cuándo a un especialista que pueda realiza actividades específicas que requieran más detalle o mejor manejo de determinadas aplicaciones.
La problemática va un poco más allá: toca el tema educativo en lo referente a la formación de recursos humanos para las Humanidades Digitales.
He podido encontrar en mi vida profesional diseñadores expertos en web o programación que, en parte debido a los programas de estudio enfocados tan sólo al aspecto comercial, ni siquiera reconocen la existencia de los proyectos de humanidades como un campo de desarrollo fértil y viable. He encontrado estudiantes de filosofía y letras capaces de escribir PHP y HTML a un nivel envidiable. Consecuencia una de la otra, de un sistema educativo que no ha sabido comprender la evolución de la investigación hacia los medios digitales y que ha fallado en reconocerlos como medios de difusión o de investigación tan respetables como los medios impresos tradicionales.
Y no es que sea un error la obtención de nuevos conocimientos aplicados a la investigación, pero me quedo con esos curiosos casos en los que encontramos filósofos que conocen mejor el marcaje de textos TEI y el lenguaje XML que muchos autoproclamados diseñadores.
Del humanismo renacentista al humanismo digital
Reflexiones acerca del trabajo y función del editor de libros
Gabriela Ruiz
@timonette
Hacia mediados del siglo XIX la figura del editor de libros comenzó a esbozarse. Le antecedían las figuras del impresor y del librero, quienes, en su momento, tuvieron a su cargo la materialización y circulación de las ideas y conocimientos de la época vivida.
Entrado el siglo XX, el proceso de volver tangibles las ideas quedó definitivamente en manos de quienes, además de conocer las artes gráficas y el arte de poner en circulación los impresos, sabían sondar el gusto del público, atraer “gente de letras y ciencia” y rodearse de colaboradores talentosos. No eran impresores ni libreros: se trataba de los editores.
Comenzó así a trabajarse en un nuevo proceso de reproducción de las ideas y el conocimiento que partía de lo intelectual y culminaba en lo comercial; que iniciaba con la identificación de una idea, continuaba con la materialización de ésta –fuera en forma de novela, ensayo, artículo, nota, historieta- y concluía con su producción –como libro, revista, diario- y posterior difusión.
Con el paso de los años, este proceso de trabajo fue refinándose, y la labor del editor se alejó cada vez más de la del impresor y del librero. Sin embargo, seguía esperándose que una sola persona conociera los entresijos de las artes gráficas, la venta de libros, los misterios del texto, el gusto de la gente, y sumara conocimientos en diseño y lo que se presentara en el momento; por ejemplo, mercadotecnia.
Así, a la manera de aquellos antiguos humanistas conocedores de lenguas clásicas, música, dibujo, pintura, juegos y artes galantes, los editores buscaron saber de filología, lingüística, gramática, artes gráficas, diseño, fotografía, finanzas, distribución, ventas y cuestiones legales. El siglo XX fue de esos editores, quienes en muchos casos nos brindaron obras memorables, trascendentales para la historia reciente.
No obstante, pasados algunos años -menos de cien- el proceso de materialización y circulación de las ideas vuelve a cambiar: las computadoras personales e internet arriban a los hogares de la gente, dejando en manos de millones lo que antes era el trabajo de unas cuantas personas. Así, la identificación de ideas para su posterior difusión y, quizá, comercialización, tiene lugar en cada rincón del planeta en el que haya alguien con una computadora, conexión a internet y entusiasmo para comunicar lo que piensa o piensan otros.
Saber lingüística, gramática, diseño, artes gráficas o estrategias de comercialización, no es ya en apariencia relevante. En este contexto, ¿cuál podría ser la función de un editor que pasó años, quizá toda una vida, estudiando y siguiendo cánones de trabajo que no parecen ser relevantes? ¿Qué nuevas funciones y habilidades tendría que ejercer? ¿Qué clase de nuevo humanista habría de llegar a ser (tendría que serlo)? O más aún, ¿qué habría que repensar acerca de lo que un editor sabe que sabe? Intentaré ir respondiendo a estas cuestiones en mis siguientes colaboraciones, con el ánimo de vislumbrar un poco el camino que habríamos de pisar los editores.
Occupy Wall Street
Por César Pinera*
Me resulta difícil entender lo que el movimiento Occupy Wall Street demanda. Quizá ni ellos mismos lo sepan, y eso en sí mismo es parte del encanto. Dependiendo de a quién se le pregunte, las peticiones resultan incluso contradictorias. Lo que resulta evidente es que el movimiento expresa un sentimiento generalizado de hartazgo, un reconocimiento popular de injusticia y de que ya ha sido suficiente y que las cosas deben cambiar.
El señalamiento que he visto con mayor frecuencia es aquel que denuncia al uno por ciento que acumula una cantidad desproporcionada de los bienes materiales de nuestras sociedades. Ese atroz uno por ciento que nos esclaviza, se burla de nosotros, nos arrebata nuestra dignidad y a quien con el puño en alto le decimos “ya basta”. O al menos eso es lo que rezan los inconformes.
Quizá tengan razón. Quizá estén completamente errados. Desigualdades siempre ha habido, y siempre habrá quienes sean “más iguales que los otros”. Lo que me sorprende es que muchas de las demandas tiendan a ser entendidas como una falta de regulaciones más estrictas, de vericuetos legales todavía más inaccesibles, y de oportunidades para que las burocracias crezcan. Para mí resulta evidente que lo que se necesita es todo lo contrario.
Los ejemplos abundan. Las industrias que se encuentran en permanente crisis son víctimas de legislaciones inflexibles y de relaciones caducas de contubernio con burócratas y grupos sindicales. Eso es cierto, por poner un ejemplo, de las compañías aéreas en quiebra (conocidas normalmente como compañías “demasiado grandes para fallar”). Cuando se “rescata” a una compañía que ha demostrado ser ineficiente en el mercado, el precio que se paga invariablemente conlleva en una injusta acumulación de riqueza, una acumulación que no tiene nada que ver con la eficiencia en el hacer de los negocios, sino con una imposición del poder que emana, en teoría, de la elección democrática de los dirigentes populares.
Lo único que hemos logrado al rescatar a esos bancos es alentar a los incompetentes a seguir siendo todavía más incompetentes. Lo que debemos hacer es dejarlos fallar. Veo que los manifestantes del movimiento Occupy Wall Street están en general de acuerdo con ello. En donde ya no están de acuerdo es cuando les explico que en consecuencia los ahorros de aquellos que invirtieron sus fondos de pensión en portafolios con riesgo quedarán, como resultado del no-rescate, en ceros. O que todos aquellos que pidieron y aceptaron una hipoteca por arriba de su posibilidad (pasada y presente) de pago tendrán que devolver esas casas.
No, que paguen los ricos, los que han acumulado tanto dinero. Y sí, superficialmente pareciera una petición incluso justa. Que paguen los que tanto nos han robado. ¿Pero qué no es también un robo el darse una vida a crédito, con esas tarjetas que nunca podríamos haber pagado, con esas vacaciones a meses sin intereses y esos contratos anuales de servicio de teléfono, televisión por satélite y demás? La erosión de la clase media no es el resultado únicamente del uno por ciento que se hizo rico gracias a las prebendas políticas y a las regulaciones gubernamentales que alteraron el libre mercado, sino a que esa misma clase media buscó, aceptó y disfrutó un nivel de vida por arriba de sus posibilidades.
No hay Wall Street que exista sin que, durante algún tiempo, el noventa y nueve por ciento sea cómplice, y el noventa y nueve por ciento es cómplice cada vez que permite que el gobierno intervenga en el mercado. Los monopolios siempre están sustentados por regulaciones que impiden la entrada de nuevos competidores. Los Estados generan escasez de manera artificial como un mecanismo de control del mercado, y los oligopolios resultantes financian las campañas de quienes gobiernan esos estados. Luego esos mismos gobernantes venden a sus gobernados el establecimiento de instrumentos de seguridad social, haciéndolo pasar como un mecanismo de nivelación y de corrección de desigualdades.
El precio es el mantenimiento de todos esos incompetentes en el mercado.
Veo como un excelente contraejemplo el sector de la tecnología, en donde los gobiernos se han mantenido suficientemente al margen como para permitirle desarrollarse de manera relativamente libre (tan posible como pueda ser bajo el nocivo efecto de las economías mixtas). Las computadoras, se trate de dispositivos de mano o de computadoras personales o de servidores en centros de datos, son cada vez más potentes, cada vez más baratas y tienen un impacto positivo cada vez mayor en la sociedad. En el proceso mucha gente ha hecho mucho dinero, nuestras vidas han cambiado de manera evidente, y el sector emplea a miles y miles de personas.
¿Qué pasaría si el Estado impusiera un ente regulatorio, o peor aún, un ente que ejerciera la función de un juez-parte en el sector de la tecnología, al estilo de la Reserva Federal o cualquiera de los otros bancos centrales que se inmiscuyen en el sector financiero? ¿Qué pasaría si el gobierno estableciera cuotas de acceso a internet, “garantizara” el derecho al uso de dispositivos portátiles, regulara la “calidad” del diseño de los microprocesadores, “respaldara” la compra de equipos de cómputo personales como lo hace cuando garantiza el acceso a préstamos hipotecarios, y tantos otros vicios que plagan a otros sectores de la economía? ¿Sobrevivirían Apple, Microsoft, Oracle, Intel y tantas otras corporaciones? ¿Sería posible que surgiera otro Facebook, otro Twitter, otro eBay?
Me parece honesto que reconozcamos y repudiemos la acumulación de riqueza por parte de ese uno por ciento que han obtenido lo que han obtenido al amparo de la intervención gubernamental que alienta y estimula que los incompetentes se mantengan en el poder. Ya es hora de que nos sacudamos de esos vestigios que han demostrado una y otra vez que al intentarlo, los Estados nunca podrán distribuir la riqueza, sólo destruirla.

The Rally

We are one

Unicorn

Tax the R$ch
Fotos originales del autor con CC-noncomercial-attribution tomadas de http://www.flickr.com/photos/cesar_pinera/
*Blogger invitado. Fotógrafo. http://www.cesarpinera.com
La veleidosa relación con los Otros en las redes sociales
(EGC @Ser_Alado)
Me intrigan las relaciones humanas, siempre me han intrigado. Posiblemente por mi carácter de tendencia misantrópica he observado desde hace mucho a las relaciones humanas como algo mas bien lejano a mi, como algo que está en otro lado. Como observadora de un mundo de relación con los Otros que siento hasta cierto punto lejano, no he podido sino sorprenderme ante cuánto se parecen las “relaciones” con el Otro, sean “virtuales” o “reales”.

Un buen día comencé con Facebook, con la intención de difundir ideas de corte polìtico, pues era el 2006. Era interesante, una forma muy rápida de compartir información con un núcleo de personas que en su mayoría había conocido o encontrado alguna vez en mi vida. No le vi mayor profundidad ni trascendencia a esta red, hasta que un amigo me comentó -con una enorme y alegre confusión- que a través de Facebook había descubierto que tenía una media hermana que estuvo oculta hasta ese momento.
Más tarde, no sé si por casualidad o curiosidad, llegué a Twitter, y entonces mi visión cambió. La vertiginosa velocidad de esa red, su brevedad, me fue atrapando poco a poco. Lo mismo servía para comunicar mensajes de corte político, que peticiones varias o descargas emocionales en un muy castizo español. También encontré un sinfín de noticias, buenas dosis de sabiduría y uno que otro pensamiento con un grado interesante de profundidad. Sin duda ahí también latía la #FilosofíaPirata y rápidamente me di a la tarea de pensar en el #EthosTwitter
Pero sorprendentemente encontré personas. Personas con las que he compartido ideas, perspectivas, confidencias. Máscaras-avatares animados por alguien detrás, que sin conocerles en el mundo “real”, siento estimarles en verdad y no me cuesta trabajo llamarles “amigas” o “amigos”, y les extraño si no les leo en mi TL.
A algunas de esas personas las he conocido, realmente a pocas. Mi vida social tan reducida se ha visto dramáticamente amplificada en esas redes de, podríamos decir, “relaciones” humanas ficticias. Esas “relaciones” me permiten tener un divertido escape, un momento grato de compartir con otros, sin que ello me haga salir de mi ámbito cotidiano plagado de deberes y trabajo.
Con varias de esas personas descubiertas detrás de algún nombre curioso y un avatar he logrado entablar buena “amistad”, y como en cualquier amistad, no hemos estado al margen de los conflictos y desencuentros, incluso de las rupturas. Llegó un momento en que una amistad tuitera se rompió de mala manera y la persona en cuestión me dio el clásico “unfollow”, y no puedo mentir, me dolió. Sobre todo, porque me había rechazado y había decidido por mi terminar nuestra “amistad” unilateralmente y con un berrinche.
Parecería que lo distintivo de las relaciones con Otros se potencializa en el Twitter, nuestras filias y fobias se desenvuelven en la distancia sin mayores restricciones que los 140 caracteres a los que estamos posibilitados para cada tuit. Las relaciones con los Otros se inician rápidamente, mediadas por lo efímero de un nutrido TL. Pero esas “relaciones” nacidas de lo vertiginoso, pueden también concluir intempestivamente con algún malentendido o algún berrinche que pone de manifiesto que palpita un sujeto detrás de un avatar.
Me sorprende por ello, que aún en el ámbito virtual, fácilmente conceptualizado como “irreal” en más de un sentido, se desarrollen las dinámicas de relación con el Otro de una manera tan semejante a como suceden en ese que nos esforzamos en llamar el “mundo real”.
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Ver también “¿Hay un ethos en Twitter?” en http://www.reflexionesmarginales.com/bla/articles/102
Geografías del Conocimiento del mundo
Este artículo se dirige a explorar las geografías del conocimiento como un trabajo de reflexión acerca de quién o quiénes detentan el conocimiento en el mundo. Asimismo, nos muestra la distribución del conocimeinto en el mundo y todos los estudios implicados,sociales y cientificos, que permiten hacer visibles los procesos de producción, distribución y apropiación del conocimiento. Las geografías del conocimiento constituyen un ámbito de análisis para plantear problemáicas que conciernen al conocimiento tecnologico y humanístico en diferentes regiones del planeta.
Graham, M., Hale, S. A., and Stephens, M. (2011) Geographies of the World’s Knowledge, London, Convoco! Edition.


